María Magdalena Campos-Pons es una artista de la instalación, la fotografía y el performance, cuyas obras son una investigación infinita y en constante evolución sobre la historia y la memoria, y el efecto de ambas en la formación de la identidad. Desafiando nociones de raza, nación, género y clase, recorre el complejo trayecto hacia la autodeterminación individual, inspirándose en la sociedad cubana de la que proviene, en su hogar en los Estado Unidos y en el mundo en general.
Las dos mujeres en este retrato doble sostienen cuerdas con cuentas de colores reminiscentes de las que llevan los devotos de varias religiones afrocubanas. Los colores se relacionan con distintas deidades u orishas en el panteón yoruba. Las cuentas azules y transparentes que sostiene la mujer mayor representan a Yemayá, la diosa del mar que tiene dos cabezas. Las perlas son propias de Obatalá, el dios creador, e indican serenidad. Vestida con ropa blanca holgada apropiada para una iniciada en la santería, la mujer más joven (la artista misma) sostiene las cuentas amarillas y ámbar con puntos rojos propias de Ochún, a quien se asocia con la sexualidad y la maternidad. Aunque el formato dividido crea un sentido de fragmentación entre las mujeres (Campos-Pons no ha visto a su madre desde que salió de Cuba en 1991), las cuentas sugieren que las figuras están unidas por el ritual y la tradición.
Identificación
Título
Replenishing (Revitalización)
Fecha de producción
2003
Número de objeto
2005.7a-c
Credit Line
Colección del Pérez Art Museum Miami, adquisición del museo con fondos proporcionados por PAMM Collectors Council
20 x 24 pulgadas cada una; 72 x 60 pulgadas en total
Descripción visual
Replenishing (Revitalización) de María Magdalena Campos-Pons es una serie de siete fotografías Polaroid de gran formato, de veinte por veinticuatro pulgadas (cincuenta por 60 centímetros) cada una. En conjunto, la obra mide aproximadamente seis pies de alto por cinco de ancho (aproximadamente 1.80 metros de alto por 1.5 metros de ancho). Tiene una orientación vertical, lo que significa que su lado más corto corre paralelo al suelo. Las siete fotografías están dispuestas en forma de H: tres imágenes apiladas verticalmente a la izquierda, tres más a la derecha, y una única fotografía en el centro que las une. Las imágenes muestran dos retratos fragmentados de mujeres, conectadas por un collar de cuentas en el centro. Los cuerpos de las mujeres están divididos por los marcos individuales y aparecen ligeramente desalineados; sus figuras se ven sutilmente distorsionadas y alargadas, desplazándose apenas hacia la izquierda o la derecha al saltar de un marco al siguiente. Ambas posan frente a un fondo gris neutro de estudio y miran directamente al espectador. En los tres marcos de la izquierda, vemos a una mujer negra mayor con el cabello corto y blanco. Lleva un vestido celeste hasta los tobillos, de manga corta, con un estampado floral en blanco y negro. También usa aretes de perlas, un collar plateado y zapatillas plateadas a juego. Su expresión es serena; sus brazos están doblados y sostiene las manos a la altura de la cintura frente al espectador. Su mano derecha está abierta, con la palma orientada hacia su rostro, mientras que con la izquierda sujeta firmemente un collar de cuentas que fluye desde la otra mano. En los tres marcos de la derecha, vemos a una mujer negra más joven —la propia artista— que también mira directamente al espectador. Su cabello está ligeramente partido en forma de corazón. Lleva un vestido color crema hasta los tobillos, con cuello y mangas onduladas. El vestido es translúcido, revelando un vestido interior blanco. Esta mujer más joven también tiene los brazos doblados a la altura de la cintura, y sus manos sostienen con delicadeza el mismo collar de cuentas que fluye desde las manos de la mujer mayor y atraviesa los marcos fotográficos. Las cuentas multicolores que ambas sostienen son elekes, collares usados por los devotos de religiones afrocubanas, cuyos colores se asocian a diferentes deidades u orishas del panteón yoruba. El collar que fluye entre las manos de las mujeres está unido por un nudo en forma de ocho en la fotografía central, con cada lado mostrando una combinación distinta de colores. Las cuentas de la mujer mayor son azul claro y blancas. Las de la mujer joven presentan dos combinaciones: una de cuentas rojas y negras, y otra de cuentas amarillas y transparentes. Campos-Pons no ha visto a su madre desde que salió de Cuba en 1991; las cuentas sugieren que las figuras están unidas por el ritual y la tradición.
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